Fecha de publicación: Mar, Jun 13th, 2017
Deportes | Publicado por: Ricardo Mangano

Argentina aplastó a Singapur en un duelo sin equivalencias

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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Línea Prensa). La complejidad de los partidos híper accesibles pasa por desatarlos con naturalidad, sin apuro, tratando de exponer la idea con fluidez. Se sabe que en algún momento el gol y la victoria llegarán. La cuestión es que las intenciones del equipo se trasladen al juego. Argentina, potencia mundial aunque su clasificación a Rusia hoy peligre, iba a quebrar por decantación a la modesta Singapur, 157 en el ránking FIFA. Estaba muy claro. El tema era cómo funcionaría esa fórmula ultraofensiva planteada por Jorge Sampaoli con apenas dos defensores. En ese contexto muy difícil de evaluar por las abismales diferencias de calidades individuales, la Selección intentó bajar con intensidad a la cancha el mensaje de su entrenador, viajó de menor a mayor y estacionó en una goleada con autoridad y convicción. Como debía ser según estas circunstancias tan singulares. Como no siempre es…

Atacando, Argentina voló mejor por la derecha que por la izquierda. En esa división de callejones que propone el entrenador para cubrir mejor el campo y encontrar con más facilidades las triangulaciones que posibiliten entre otras cosas los desbordes, Salvio (lateral derecho) y Di María (extremo por la misma banda) sintonizaron como Sampaoli pretendía, con mayor fluidez que Acuña y Papu Gómez por el otro lado.

Con el perfil invertido, Angelito enganchó varias veces por el medio. Así encontró situaciones de remate que exigieron al arquero de Singapur y además permitió que Salvio explotara por afuera. De todos modos, en ese ataque repetido, para buscar sorpresa, también varias veces intercambiaron franjas Di María y Papu Gómez. El circuito nacía en el medio, en Biglia, a quien se le arrimaban Lanzini o Dybala para iniciar la gestación.

Tampoco Argentina descuidó las jugadas con pelota detenida. Como ante Brasil, de nuevo desató el resultado en una acción de ese tipo. Una variante que siempre vale enriquecer y tantas veces ayuda a despegar. Esta vez, fue Fazio quien anticipó en un corner y la mandó adentro. Fue a los 24 minutos del primer tiempo. Podría haber sido en cualquier momento.

Contra una Singapur que siempre defendió con 9 hombres en la puerta de su área, se sabía que costaría encontrar pases entre líneas o situaciones de desequilibrio en paredes y triangulaciones. Otro requerimiento del entrenador era que los mediocampistas por el medio más ofensivos penetraran con verticalidad y movilidad. Dybala, en ese sentido, produjo más que Lanzini. De hecho, el segundo grito celeste y blanco llegó de una escena que dibujó La Joya por la derecha (zona más débil del rival) con un centro atrás muy bien anticipado por Joaquín Correa, el centrodelantero elegido ante la ausencia por lesión de Mauro Icardi que regaló buenos desplazamientos y estuvo cerca de anotar alguna vez más.

De los cambios que realizó Sampaoli el que más ilusionó pensando a futuro fue el de Paredes (por Lanzini). Ingresó un minuto antes de que Papu Gómez estallara en la red con un zurdazo bajo desde afuera. Esa profundidad también reclamada por el DT a los volantes de elaboración vaya si la aportó el ex Boca. De entrada nomás, aceleró y sacudió un poste. Y al ratito, con toda la clase, clavó el cuarto, a media altura, contra un palo.

Banega (entró por Biglia) manejó con comodidad y probó varias veces desde afuera. Alario (por Correa) pivoteó y cuando tuvo un chance sacó un misil que se transformó en el quinto. Y Nacho Fernández (sustituyó a Papu Gómez) se movió abierto a la derecha e intercaló momentos de control con otros de aceleración, como cuando llegó al fondo para asistir en el sexto a Di María, quien giró y la metió de taco en un arco vacío, en una foto sensual que retrata a un partido sin equivalencias.

El análisis de la otra parte del juego, la defensiva, no encuentra parámetros demasiado serios porque Singapur en ningún instante generó ni siquiera la mínima preocupación. A Guzmán directamente no se lo puede evaluar. Del funcionamiento general, fue buena la recuperación de la pelota. Fue rápida. Le interesaba ese ítem a Sampaoli para no padecer de contraataque sabiendo que un equipo tan ofensivo al perderla queda expuesto y demasiado abierto. Pero de nuevo la misma traba para hallar una certeza rotunda: las profundas limitaciones adversarias.

Ya está. Pasó el debut tan exigente como peligroso ante Brasil, con una victoria e insinuaciones de la idea de Sampaoli. Ahora también se fue la segunda exposición, contra la modesta Singapur, una prueba vacía de complejidades pero superada como lo indica la lógica y no siempre ocurre: con autoridad, con convicción y con goleada. Despacio pero convencida, empezó a marchar la nueva Selección. Vale creer.