Fecha de publicación: Jue, Nov 30th, 2017
Internacional | Publicado por: La Nacion

Maduro apretó tuercas y anunció que irá por la reelección

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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Línea Prensa). El gobierno bolivariano quiere poner fin a la batalla abierta dentro del oficialismo con dos movimientos trascendentales en vísperas del inicio en Santo Domingo de la nueva ronda de negociaciones entre el chavismo y la oposición. La destitución de Rafael Ramírez como embajador en las Naciones Unidas, sin corroborar oficialmente, y la confirmación de que Nicolás Maduro irá por la reelección presidencial el año que viene intentan calmar las turbulencias internas cuando el principal enemigo, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), vive sus peores horas políticas.

“Es una gran contraofensiva ante el golpismo, la violencia terrorista, la guerra económica, la persecución financiera y las sanciones de Trump. En 2018 vamos a una gran victoria revolucionaria y vamos a tener, Dios mediante, el pueblo mediante, la reelección de nuestro hermano Nicolás Maduro como presidente”, adelantó el vicepresidente Tareck El Aissami durante un acto electoral.

La candidatura del “hijo de Chávez” estaba cantada; él mismo lo había insinuado en diversas ocasiones pese al desmoronamiento económico y social que sufre Venezuela. El escenario electoral actual lo convierte en el gran favorito para 2018, pese a que su popularidad ha fluctuado entre el 17% y el 23%.

Con la MUD dinamitada y dividida entre domesticados, radicales y los que buscan mejorar las condiciones electorales, el principal problema político se vive en las propias filas revolucionarias. Ramírez es un peso pesado del chavismo, ex vicepresidente, antiguo zar económico y uno de los cuatro líderes bolivarianos que pactaron a fines de 2012 en La Habana cómo sería la sucesión de Hugo Chávez, tras decidir este que Maduro era su elegido. Incluso figuró en la ruleta presidencial, representando al sector más pragmático de los bolivarianos.

El estrecho colaborador de Chávez desde su llegada al poder negó a varios medios que estuviera destituido, pero desde Caracas se da por seguro su cese. Todo consiste en buscar el momento más adecuado, ya que el embajador perdería su inmunidad y tendría sólo 72 horas para abandonar Nueva York. En las filas más radicales temen que esté negociando con Estados Unidos su inmunidad a cambio de información. Su número dos en Nueva York es María Gabriela Chávez, la hija del líder bolivariano a la que algunos dentro del poder han querido ver elevada a la presidencia por su parecido con Chávez.

La caída de Ramírez se vincula con la corrupción que rodea a Petróleos de Venezuela (Pdvsa), que presidió, al igual que el Ministerio de Petróleo y Energía. De hecho, el embajador fue el encargado de convertir la petrolera del Estado en el brazo financiero “rojo rojito” de la revolución por encargo del propio comandante supremo.

El chavismo ha aprovechado que se celebran los 15 años del fracaso del llamado paro petrolero para vincular la corrupción en la estatal, en Citgo (filial en EE.UU.) y en la Faja del Orinoco, que ya ha provocado medio centenar de detenciones, con una nueva conspiración. Al frente de Pdvsa se han situado los militares desde el domingo.

Además de las diferencias ideológicas, la sombra de la corrupción persigue a Ramírez y a su entorno familiar. El Parlamento lo acusa de apropiarse indebidamente de 11.000 millones de dólares. Denuncias parecidas afectan, sin embargo, a gran parte de la cúpula revolucionaria.

El conflicto entre el oficialismo y Ramírez alcanzó un punto sin retorno la semana pasada, cuando el ex vicepresidente publicó un polémico artículo titulado “La tormenta” para denunciar a los conspiradores económicos cercanos al Palacio de Miraflores, los mismos que en 2014 le impidieron ejecutar un plan para estabilizar la tasa de cambio impuesta por Chávez e impulsar la producción local.

“Quien me ataque a mí debe pensar un poquito, sólo un poco, porque Chávez me tuvo 12 años a su lado. Pero además, cuando estaba muriendo, sólo llamó a cuatro y yo estaba allí. Así que ningún advenedizo puede venirme con cuentos a mí. ¡Viva Chávez! ¡Venceremos!”, se defendió Ramírez sin fortuna. Días después, Maduro lo condenó públicamente al asegurar que “quien cae en la lengua de Iris Varela [ex ministra radical] se seca; el que traiciona a la revolución se seca”.