Fecha de publicación: Lun, Dic 4th, 2017
Sociedad | Publicado por: Infobae

Un taller de panes dulces donde la integración es posible

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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Línea Prensa). La Asociación Peldaños, que ya cumplió 17 años, cobró vida gracias a la iniciativa de un grupo de padres y personas vinculadas a la discapacidad intelectual que necesitaban que sus hijos y conocidos tuvieran una vida mejor porque los veían dejados de lado. Así nació el taller protegido desde el que actualmente elaboran panes dulces para las Fiestas, entre otras cosas. Pero ¿qué es un taller protegido y cuál es la importancia que tiene en la vida de quienes pelean por integrarse a la sociedad?

Tres años después de su nacimiento, en 2003, los socios de Peldaños “crearon un emprendimiento productivo de gastronomía donde estos jóvenes —egresados de distintos centros de formación laboral de la zona con el título de auxiliares de gastronomía— pudieran trabajar y ejercer el oficio para el cual habían estudiado”, contó a Infobae Rafael González de Quevedo, coordinador del Taller Protegido de la asociación.

Agregó: “Se creó este taller protegido de producción que empezó con pocos chicos y con bastantes dificultades económicas: hubo que gestionar con distintos lugares privados y estatales tanto las subvenciones y como las donaciones. Comenzamos con 12 ó 14 jóvenes y ahora hay más de 30 trabajando, lo que permite obviamente mejorar a nivel productivo y tener más producción y mejor nivel de ventas”.

Peldaños es una organización sin fines de lucro que integra tres facetas: la productiva, la formativa y la social, ya que es para sus miembros es primer eslabón fuera del ámbito familiar donde se encuentran con sus pares y se preparan para salir al mercado competitivo. Y lo hacen instrumentando todos los medios accesibles “para lograr el máximo desarrollo posible de las capacidades”, según ellos mismos describen.

Actualmente hay dos talleres productivos: uno gastronómico con dos cocinas y una fábrica de pasta caseras (pastas que venden al público) y un taller de armado en el que preparan una pasta que termina siendo la materia prima para preparar juguetes.

“Las ventas son para restaurantes y comedores de colegios que compran de manera mayorista ya que es comida netamente artesanal donde también preparan cosas de panaderías, entre ellas los panes dulces que vendemos en esta época y en mayor cantidad porque tenemos muchos clientes que son empresas que compran en cantidades para hacer regalos empresariales”, explicó González.

Trabajar con alegría y sentirse parte de una familia

Cada mañana, alrededor de las 9, llegan las 35 personas que cada día trabajan en Peldaños para comenzar con sus tareas que por estos días está casi concentrada en la preparación de panes que llegarán a la mesa navideña de miles de familias. Saberlo los hace felices y esa sensación se respira en cada rincón de la asociación donde el aroma indica que es hora de sacar los panes y dejarlos enfriar.

La gran cocina tiene hornos industriales color metal que están al tope, de un lado las masas llenas de frutas esperan su turno para ser amasada y colocada en los moldes, y los que recién salen de cocinarse se toman el tiempo para quedar listos y ser envasados.

“Originalmente el proyecto era más chiquito y se producía para los vecinos del barrio o para familiares y conocidos. La producción era pequeña, pero con el tiempo fuimos viendo que había mucha gente que quería comprarnos”, recordó González.

Con ese mismo tiempo llegó la máquina para envasar al vacío y la producción pasó a otra etapa. “Las empresas, por ejemplo, compran los panes con anticipación y como son cerrados al vacío mantiene la frescura”, dijo quien está al frente del taller y contó que por lo menos se producen 10 mil panes para las Fiestas de fin de año.

Además destacó: “En este taller apuntamos a que los jóvenes con discapacidad intelectual puedan incursionar en el mercado laboral siendo protagonistas. El trabajo que hacen está contemplado en la idea de que los chicos sean protagonistas del trabajo porque aparte de trabajar siguen aprendiendo cosas que les sirven para en un futuro y de esa manera logran incluirse en el mercado laboral competitivo”. Actualmente, muchos ex Peldaños están trabajando el servicio de catering de algún restaurante o en algún hotel: “Empezaron acá y después pudieron conseguir un trabajo en el mercado competitivo. Deseamos que todos los que salen de acá puedan seguir creciendo como personas y como trabajadores”.

Una vez que consiguen un trabajo “afuera”, los chicos ya no pueden seguir en relación de dependencia con Peldaños, pero los vínculos afectivos nada los corta.

“Generalmente dejan de tener un cupo en la institución porque ya están en el mercado laboral competitivo, pero como se vinculan afectivamente y porque tienen acá adentro a sus amigos, que son los compañeros de trabajo, aunque consigan un trabajo no cortan jamás la relación con ellos porque son sus pares. Son sus amigos y se visitan, van a los cumpleaños”, contó González emocionado por haber sido testigos de esos lazos. “Los amigos de sus vidas los hacen acá”, destacó y terminó: “Lo importante es seguir sosteniendo el emprendimiento e incorporar a los trabajadores con discapacidad intelectual que son a quienes más les cuesta incluirse laboralmente”.