Fecha de publicación: Lun, Feb 20th, 2017
Politica | Publicado por: Clarin

El primer gran sacudón del Gobierno de Macri

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Línea Prensa). Las luces de alarma se encendieron y preocuparon esta vez seriamente al Gobierno: titilaron “entre el amarillo y el rojo”, según la percepción de una fuente de Cambiemos. El caso del Correo y el recálculo de las jubilaciones causaron un fuerte impacto social y es probable que ese registro haya sido nítido en algunas encuestas que consume la primera línea del macrismo. Era previsible, en un caso porque involucra directamente a la familia Macri y en el otro, aunque por cifras mínimas, porque afectaba el siempre escaso bolsillo de los jubilados. Pero no fue sólo una cuestión de imagen o, si se prefiere, tal vez por eso también pegó en todas las líneas. Colocó al Presidente en la primera fila de exposición, sacudió a los hombres que se encargan de la “eficiencia” de la gestión -y lo hacen valer internamente- y provocó una enorme tensión en lo que se define como el ala política del oficialismo, con epicentro en el Congreso.

El caso del Correo tiene previstos algunos capítulos más, pero nadie asegura que sean los únicos. El Gobierno se presentará hoy ante la Justicia para formalizar su decisión de frenar el tema y dar marcha atrás. Mañana, el ministro Oscar Aguad irá a Diputados para dar explicaciones ante la Comisión de Comunicaciones. Y para el miércoles está agendada una reunión de la Comisión Mixta Revisora de Cuentas: esta cita podría encauzar el pedido de Cambiemos para que la Auditoría General de la Nación revise y evalúe el acuerdo que generó un tembladeral de alta intensidad en el oficialismo.

Este último no es un paso menor, en primer lugar porque involucra al Congreso. Luego de un roce inicial por el modo en que el Gobierno dio a conocer su solicitud -de manera pública y directa a la AGN, y no al Congreso- el oficialismo parlamentario solicitó la reunión, anotada para el miércoles. La Auditoría, encabezada por el peronista Oscar Lamberto, tiene a su cargo el control externo de la función pública y remite de manera directa a la Comisión referida. No es una formalidad, sino un presupuesto básico de funcionamiento y hace además al vínculo con la oposición.

Precisamente, la relación con las fuerzas opositoras es una tema sensible y determinante para el oficialismo, que no tiene número suficiente para avanzar en solitario con sus proyectos en el Congreso. Al revés, y más allá de su fragmentación, los distintos sectores opositores están en condiciones de imponer iniciativas en base a acuerdos propios. No fueron los mejores proyectos ni los más elaborados, pero ya dio muestras con el primer intento de Emergencia Social y con los cambios en Ganancias. En todo caso, lo que está claro es que el oficialismo necesita del tejido de entendimientos para aprobar leyes y no tiene espacio para gobernar con Decretos de Necesidad y Urgencia.

El último acuerdo alcanzado con buena parte de la oposición, por la ley de ART, ilustra en toda su dimensión el cuadro que debe enfrentar el oficialismo como práctica y no excepcionalmente. El Gobierno debió convocar a extraordinarias cuando distintos jefes opositores le hicieron saber que iban a enterrar el DNU firmado para poner en marcha las modificaciones al sistema de ART, que tenían aprobación del Senado y les restaba el capítulo de Diputados. Las negociaciones incluyeron a varios referentes, entre ellos y en primer línea a Miguel Ángel Pichetto y Sergio Massa. Se trabajó para avanzar rápidamente, se transpiró para reunir quórum y garantizar la aprobación en el recinto, frente al rechazo mecánico del kirchnerismo y las fisuras en otros bloques, pero todo estuvo a punto de volar por el aire cuando trascendió el retoque del mecanismo para ajustar las jubilaciones.

Los oficialistas Emilio Monzó, presidente de la Cámara, Mario Negri y Nicolás Massot tuvieron que hacer malabares para salvar la sesión y también aportó Elisa Carrió, de manera más temperamental y ruidosa. Las conversaciones con la oposición, y también con legisladores propios, anticipaban la marcha atrás con el tema de jubilaciones. Y todo ocurría en el final de un día que había arrancado con discursos muy duros, varios de ellos de oportunismo e hipocresía extremos en materia de lucha contra la corrupción, que parecía un precio a pagar por el caso del Correo.

Pero, en rigor y al margen de que la aprobación de la ley de ART?fue salvada, el dato mayor fue constituido por el clima de malestar y tensiones en las filas del oficialismo. Después de la sesión, varios de los referentes mencionados conversaron en los pasillos y enviaron mensajes sin vueltas al círculo presidencial. Fueron charlas intensas, que en el caso del radicalismo derivó en una reunión informal del bloque.

Hay un punto que tiene que ver con la evaluación de los temas en cuestión, con el modo de hacerlo, y otro que refiere auna cuestión de fondo, que es la naturaleza y proyección de la coalición de gobierno.

En el renglón del acuerdo por el Correo, resultó llamativa la falta de previsión sobre el alcance de un tema de cantado impacto público. El Gobierno exhibió lentitud para hacer frente a la ola que comenzaba a crecer después de la difusión de las críticas de una fiscal, más allá de razonables cuestionamientos a su dictamen, a sus cálculos y a su juego político. Entre los legisladores, algunos cuestionamientos nacían del sentido común: ¿cómo no se encaró este tema, desde su inicio, con prudencia y contactos políticos suficientes?

El silencio inicial de funcionarios y representantes del oficialismo y las explicaciones formales posteriores en tono de defensa sólo terminaron de abrir el campo para la ofensiva opositora. La intervención del Presidente, después, significó un desgaste en el último escalón del poder. Un precio demasiado elevado, que Macri paga además por la ausencia de mecanismos aceitados de discusión en su propio equipo y en el conjunto oficialista encargado de las batallas diarias, en la antesala de la competencia más abierta por el voto.

Esa disputa política, en el corto plazo, se ve teñida además por la carga sindical. La CGT camina hacia una marcha potenciada por el clima de paritarias, cuyo primer capítulo proyecta hasta ahora un fuerte conflicto con los gremios docentes, que tensa la cuerda de las provincias pero que, si escala, pondrá también en el centro al gobierno nacional. El triunvirato cegetista empezó a dar pasos para darle proyección política a su protesta. Se verá con la conducción formal del PJ, lo cual no parece sumarle mucho, pero tal vez busque incluir en su agenda a los jefes de los principales bloques opositores.

La economía, por supuesto, será determinante en la carrera hacia octubre. Pero no es todo. ¿Cambiemos logrará afirmar un mecanismo real como coalición de gobierno, superado el primer y complicado año de gestión? Ese interrogante es político y se amplificó en medio de los temblores de estos días.