Fecha de publicación: Dom, Abr 8th, 2018
Sociedad | Publicado por: Ricardo Mangano

Las escuelas privadas porteñas deberán demostrar que ofrecen a los chicos comida sana

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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Línea Prensa). El sobrepeso y la obesidad afectan a 4 de cada 10 chicos en edad escolar en la Argentina. Este alarmante dato que surge de la última Encuesta Mundial de Salud Escolar (2012), debería ser suficiente para replantearnos qué tipo de alimentación les estamos dando a los chicos, tanto en casa como en la escuela. Este año, desde el Ministerio de Educación porteño anticiparon que habrá un mayor control de los menús que ofrecen las escuelas privadas en sus comedores. Antes de fin de año todos los colegios de gestión privada deberán tener homologado su menú según las Pautas de Alimentación Saludable (PAS) que establece la ley 3.704.

 

Es que el rol de la escuela es importante también a la hora de formar y afianzar hábitos, ya sea de los buenos o de los malos. En la Ciudad de Buenos Aires, la ley N° 3.704/10 de Alimentación Saludable establece pautas que deben cumplir las escuelas en materia de alimentación y promoción de hábitos saludables en los chicos. Va más allá de los kioscos saludables.

“En la escuela es donde se terminan de conformar los hábitos que se formaron en la casa. Los chicos hoy en día pasan gran parte de su tiempo dentro de la escuela. La alimentación en la escuela no se refiere solo a lo que comen en el comedor. También es importante cómo desayunan, lo que llevan de la casa, lo que consumen en los recreos, el agua y las bebidas que toman. Todo esto tiene un efecto en el desempeño escolar y en el desarrollo cognitivo”, reflexiona el doctor Esteban Carmuega, especialista en nutrición infantil y director del Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (CESNI).

A la hora de analizar qué almuerzan los chicos en las escuelas, hay diferencias entre el ámbito público y el privado. En el caso de las escuelas de gestión pública la Dirección General de Servicios a Escuelas es la encargada de diagramar e implementar todo lo vinculado con los alimentos (desayuno, almuerzo y merienda, según el turno y la jornada de cada escuela) que reciben 120.000 alumnos cada día. “Los menús están armados según las pautas de alimentación saludable que conforman mosaicos de alimentación que alcanzan las metas nutricionales. También tenemos menú hipocalórico para chicos con sobrepeso u obesidad (que deben presentar certificado médico) y menús para patologías como la celiaquía o alguna otra”, explica a Clarín Gonzalo Lazzarín Lima, Director General Servicios a Escuelas del Ministerio de Educación porteño.

“Con cada menú se alcanza la meta nutricional objetivo para la jornada escolar, o sea, para la cantidad de horas que el niño estará en la escuela. Por eso, no consideramos que sea necesario que el chico se compre algo más o que lleve desde la casa algo para comer. Es más, lo desalentamos. Pedimos que no lleven nada”, añade el funcionario.

En las escuelas privadas es diferente. Cada establecimiento tiene libertad para contratar un servicio de comedor tercerizado o contar con personal que prepare los alimentos dentro de la escuela. Y pueden tomar el menú de referencia que tiene el Ministerio de Educación o bien pueden elaborar ellos uno propio, que debe ser homologado por la autoridad, como establece la reglamentación de la ley 3.704. “Año tras año vamos avanzando en el mundo de la escuela privada. Este año la homologación de los menús va a ser una de las prioridades del área. Todos los colegios privados antes de terminar el año van a tener que mandar a homologar su menú”, anticipa Lazzarín.

La homologación consiste en que la escuela manda al Ministerio el menú, que es evaluado por un equipo de 20 nutricionistas que –en caso de ser necesario- hace una devolución con los cambios que deben implementar para su aprobación. Los padres pueden llamar y consultar si el menú de la escuela de sus hijos está homologado. También pueden pedir que se haga una inspección. “Se va a poner una fecha límite para que los colegios informen si tienen comedor y que manden su menú antes de esa fecha. La Agencia Gubernamental de Control (AGC) está yendo a inspeccionar”, añade el funcionario.

Según datos del Ministerio de Educación, en la Ciudad hay 1.112 escuelas públicas entre los niveles primario, secundario y superior no universitario. Y hay 1.045 establecimientos de gestión privada también entre los niveles primarios y secundarios. “De las 1.112 escuelas públicas, sólo 127 cuentan con kioscos, que cumplen con la normativa para ser considerados saludables”, dice Lazzarín. En las escuelas privadas, añade, todavía no tienen los datos, pero anticipa que “hay muchísimos más kioscos” que en las públicas. “Estamos haciendo un relevamiento, pidiendo a las escuelas que nos informen si tienen kioscos, para poder intensificar el trabajo de hacer que cumplan con lo que dice la ley”, añade. “No sé si existe algo más dañino que un niño con dinero frente a un kiosco”, dice Carmuega.

“Con el equipo de nutricionistas damos pautas a los padres sobre alimentación y la importancia de incorporar frutas y verduras. Porque también nos pasa que hacemos un guiso de lentejas y te encontrás con chicos que no conocen las lentejas. Las verduras en general son más difíciles de incorporar”, advierte Lazzarín. “El objetivo –sigue- es lograr un menú equilibrado, acorde con la higiene alimentaria y que tenga aceptabilidad también. Quisiéramos que los chicos coman más pescado”.

“Sabemos que la ventana de control de la obesidad es la prevención en la infancia. Cuando un chico se pone gordo, lograr el éxito después es bastante menos eficaz. Por eso es importante prevenir la obesidad antes de llegar a la escuela y controlar lo que sucede en la escuela”, concluye Carmuega.