Fecha de publicación: mié, Oct 31st, 2018
Salud | Publicado por: Clarin

Crece la demanda de los médicos por hacer simulaciones con robots para evitar la mala praxis

Social
Tags

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Línea Prensa). Lo sufren los pacientes: el 12% de los argentinos que se internan es víctima de algún error médico, según la secretaría de Salud de la Nación. Y lo afrontan los médicos: más del 70% se ve involucrado durante su carrera en alguna demanda por mala praxis, según cifras de las obras sociales. Se trata de una constante en medicina que tiene momentos bisagra, con casos de mucha exposición pública como la muerte de la Débora Pérez Volpin. A 9 meses de la endoscopía que terminó con su vida, la inquietud y el temor muchos profesionales a tener que pasar por juicios como el que afrontan un endoscopista y una anestesista ha derivado en la creciente demanda de una especialidad poco conocida para el público en general, pero cada vez más familiar en el mundo de las camillas y los quirófanos: la simulación clínica.

El objetivo que busca es que tanto los profesionales recién recibidos como los que tienen ya una trayectoria puedan perfeccionarse en una instancia de ensayo, es decir, prescindiendo del paciente. En lugar de seres de carne y hueso, “atienden” a robots inteligentes que son capaces de simular con gran realismo una gran diversidad de patologías y diagnósticos que luego son los que aparecen en la vida real. De esta manera, como los actores antes de estrenar una obra o músicos antes de un recital, hay médicos que buscan ensayar para llegar de la mejor forma cuando se abra el telón.

La demanda va creciendo poco a poco en la Argentina, pero otros países ya tienen instalada la cultura de la “simulación médica”. En Estados Unidos, por ejemplo, hace casi 20 años se advirtió que la mala praxis y los juicios que de ésta derivaban se estaban transformando en epidemia. En 1999, un informe del Instituto de Medicina de Estados Unidos, titulado “Errar es humano: construyendo un sistema de salud más seguro”, evidenció que la salud no era tan segura como debería ser. Allí se estimaba que los eventos adversos causaban entre 44 mil y 98 mil muertes cada año en los hospitales de ese país, lo que superaba las muertes por accidentes vehiculares. Una cifra similar, en aquel momento, a la de muertes por cáncer de mama o SIDA. Algo así como un accidente fatal diario de un avión con 270 pasajeros.

De esta manera, la simulación clínica llegó a tomar gran valor en la enseñanza de la medicina (los estudiantes aprenden con libros, pero también con simuladores), con el objetivo de favorecer el desarrollo de las habilidades tanto duras como blandas. Es decir, el manejo de las técnicas por un lado, pero también las situaciones de comunicación que se plantean en estos ambientes de trabajo bajo una fuerte presión psicológica. “La simulación permite aprender a partir de la visualización de los propios errores en esos escenarios simulados, con filmaciones de las prácticas y un análisis posterior de lo actuado. Lo que buscamos es reducir los errores no forzados o prevenibles”, explica a Clarín el cirujano Juan Ignacio Cobián, a cargo de un nuevo centro de simulación que se sumará en La Plata a la escasa oferta local.

En la Argentina cada vez más médicos demandan estas capacitaciones, pero son pocos los lugares tecnológicamente preparados para generar espacios de simulación verosímiles: uno de los pioneros, que lleva cinco años en el tema, es el centro de simulación de el hospital El Cruce, de Florencio Varela. Según cifras proporcionadas a Clarín por la dirección de este centro de salud de alta complejidad, la demanda creció un 52% desde entonces y hubo más de 7.500 capacitaciones. Sólo en el último año el incremento fue del 16%. Pero si bien la cifra va en aumento, hay que tener en cuenta que en la Argentina se reciben unos 6.000 médicos por año.

Las capacitaciones que realizan estos centros son en pediatría, neonatología, emergentología, obstetricia y ginecología, comunicación y enfermería, entre otras. “La demanda de la simulación clínica es exponencial en estos últimos tiempos. Cuanto mayor es el grado de entrenamiento se reducen los riesgos”, dijo a Clarín Gabriel González Villamonte, director ejecutivo del hospital El Cruce.

La búsqueda de los profesionales de reducir el error médico se traduce también en que más actores se sumen a la oferta de estos servicios. Allí aparecen tanto laboratorios médicos que han habilitado espacios para entrenamiento clínico como asociaciones de profesionales. Es el caso de la Federación de Médicos de la Provincia de Buenos Aires (Femeba), que en los próximos días inaugurará su centro de simulación en La Plata. Cobián, su director, dice que allí se harán simulaciones de cirugías laparoscópicas, endoscopías y ecografías entre otras prácticas. “En Estados Unidos lograron bajar las primas de los seguros de los médicos al comprobar que con estas simulaciones lograron bajar las tasas de errores y la litigiosidad que enfrentan los profesionales”, explica.

Según este cirujano, una de las claves de la simulación es “entrenar la comunicación en los equipos de trabajo, la estructura de los grupos y los liderazgos. Muchas veces las situaciones de crisis terminan en fracasos médicos no por cuestiones técnicas, sino por la mala comunicación entre los profesionales”. Mientras habla, los robots bautizados Lucina, Apollo, Einstein y Pediasim esperan a los médicos que los usarán de “pacientes”.

El médico clínico Diego Rabellino, un profesor de la Universidad de La Plata que pasó por la experiencia de estos cursos de simulación, rescata que “lo bueno es que se trata de un entorno en el que el error no provoca daño y uno puede aprender de esos errores”. Y agrega: “Nos sirve como a los pilotos les sirve sumar horas de vuelo en un simulador. Entrenás y estás todo el tiempo aprendiendo”.