Fecha de publicación: dom, Dic 30th, 2018
Deportes | Publicado por: Clarin

Yazmín Marzo, la boxeadora que soñaba con ser campeona del mundo pero murió por una sobredosis a los 23 años

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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Línea Prensa). Ya era de madrugada cuando Claudia, su mamá, escuchó unos ruidos extraños. Se acercó hasta la cama y comprobó que era Yazmín, su hija, de apenas 23 años y quien estaba teniendo convulsiones. Se desesperó, no sabía qué hacer, pero sí una certeza: debía actuar rápido. Tras levantarla, la subió a un auto para llevarla hasta el Hospital Regional Pasteur. Rezaba. Le pedía a Dios que la ayudara. Pero, a mitad de camino, el corazón de la chica no resistió más. Así, de repente, la vida de Yazmín Marzo, campeona provincial y nacional amateur y una de las grandes promesas del boxeo argentino, se había terminado.

Había nacido el 23 de abril de 1995 y era la tercera de cinco hermanos: Milena, Oreste, Antonella y Tomás, con quienes vivía en la casa de Villa María, Córdoba, su lugar en el mundo. Si bien nunca fue de meterse en problemas, de chica se acercó a las peleas. Primero con las artes marciales: comenzó a practicar kung fu y posteriormente kick boxing, hasta lograr el primer dan y convertirse en instructora.

Eran días en los que se le había hecho costumbre recorrer los 150 kilómetros que separan a su ciudad de la capital cordobesa, donde empezó a hacerse un nombre. Ah, y también un apodo que la acompañaría para siempre: El Huracán. “Se lo puse porque era fuerte y siempre iba hacia adelante, no se conformaba nunca e iba por más, muy temperamental y exigente con ella misma. Una deportista completa. Me acuerdo que un día, buscando un apodo, le dije: ‘¿Te gusta ‘El Huracán’?’. Ella me respondió que sí, y le quedó”, contó Hugo Vilches, su primer entrenador.

Pero ese vendaval siempre la peleó desde atrás contra las drogas, una adicción contra la que siempre estuvo en desventaja. Y fue por eso que a mediados del 2016, luego de unos años repartiendo entrenamientos y tiempo entre Córdoba y Buenos Aires, decidió volver a Villa María, para estar cerca de su familia, de sus amigos, para curarse. Y no es sólo una manera de decir: asumiendo que tenía un problema, buscó ayuda terapéutica.

Mientras seguía las recomendaciones de los médicos, la sedujo la idea de calzarse los guantes y subirse al ring. De pronto, sin haberlo pensado antes, el boxeo se convirtió en parte de su vida. Una parte muy importante. En abril de este año, de hecho, participó en el Campeonato Nacional Femenino, en Alta Gracia, donde se consagró campeona en la categoría hasta 69 kilos. Y el 17 de agosto se coronó campeona provincial (el cinturón estaba vacante), en el Club Unión, tras derrotar en fallo unánime a la cordobesa Alexia Gigena.

Todo parecía mejorar en su vida. Estaba feliz. Y, de yapa, recibió la convocatoria para integrar Las Toritas, el seleccionado argentino femenino de boxeo. La ilusión de viajar a Venezuela, donde se realizaría el Continental, sin embargo, no duró demasiado. Pero a pesar de quedar afuera no se bajoneó. Al contrario: siguió entrenándose sin descanso. Y en octubre recibió su premio: fue citada otra vez y confirmada para el equipo que participó del Mundial en Nueva Delhi, India, en noviembre último.

Incansable, alternaba las horas de gimnasio y guantes con el estudio: cursaba el Profesorado de Educación Física en el Instituto La Santísima Trinidad. Además, tenía la coordinación de un gimnasio de un reconocido hotel ubicado en las afueras de la ciudad y compartía tareas en un taller relacionado a la prevención e inclusión en el deporte para deportistas que buscan zafar de distintas adicciones. Y además, empezaba a disfrutar de que sus vecinos la reconocieran en la calle.

“La gente me dice que estoy haciendo historia. Nunca se ha dado esto de que un boxeador amateur villamariense vaya a un Mundial. Y mucho menos una mujer”, le contaba, con una sonrisa enorme, a El Diario de Villa María.

​Soñaba con ganar la Medalla de Oro en el Mundial, pero tuvo que representar al país en una categoría superior a la de su peso natural y terminó combatiendo en hasta 75 kilos y no en hasta 69, donde mejor se desempeñaba. El 17 de noviembre debutó a nivel internacional frente a Myagmarjargal Munkhbat, de Mongolia, en su única pelea en el Campeonato Mundial Femenino AIBA 2018, que se desarrolló en el KD Jadhav Indoor Hall IG Stadium Complex de Nueva Delhi. Fue derrota por puntos, aunque, a esa altura, ya nadie tenía dudas de que su futuro era inmenso.

Y ella misma se entusiasmaba con lo que podía lograr. “¡Esto es hermoso! Estoy muy bien, estoy tranquila, me siento fuerte, confiada y con todas las herramientas para poder lograr nuevos objetivos”, revelaba. Y era así. Tenía que ser así.

Sin embargo, su verdadera pelea continuaba lejos de las entrevistas, de los flashes, de los reconocimientos. Sufría recaídas, días en los que tenía la guardia baja. “A Yazmín la recibimos después de su pedido de auxilio e hizo un cambio extraordinario, empezó a boxear, a dar clases y a estudiar. Estábamos felices con lo que estaba viviendo. Pero hay personas que parece están curadas y nunca lo están de manera definitiva”, contó el doctor Julio Tabárez, la cabeza del taller al que asistía Yaz, cuando la noticia de su muerte recién se conocía. Y agregó: “Ante cada recaída teníamos que volver a empezar. Sabemos que es así. Esto no se cura con un antibiótico como si fuera una neumonía”.

La fiscal Juliana Companys caratuló la causa de Yazmín como “muerte de etiología dudosa”. Además, ordenó la autopsia del cuerpo de Marzo. En Villa María a todos les duele. Saben que se trató de una sobredosis. Y que la vida de Yazmín se terminó mucho antes de lo que debía.